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OMS 2020 ¿ un punto de inflexión en la gobernanza mundial de la salud?

Hemos asistido a una Asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) atípica: corta, online y específica para la COVID. Y donde las voces de la sociedad civil se han visto restringidas y no podían tener un componente político sino que debían ceñirse exclusivamente a lo técnico.Y es que, más que nunca, la geopolítica ha entrado en la OMS.

La polarización entre China y Estados Unidos a cuenta de la gestión de la pandemia se ha visto reflejada en esta Asamblea en todo momento, y puede afectar claramente la gobernanza en salud global. La OMS como institución multilateral que lidera la salud mundial ha recibido multitud de apoyos, sobre todo desde países frágiles que han reconocido la labor de la OMS en la contención de la pandemia en sus países. Pero también ha recibido críticas y se han puesto encima de la mesa dudas de cómo ha gestionado la pandemia del COVID 19.

Entre China (todo se ha hecho bien) y Estados Unidos (ha habido muchos errores críticos), la Unión Europea (UE) ha tomado una postura intermedia. Ha sido la impulsora de una declaración de respuesta a la pandemia, aprobada en esta Asamblea, donde pretende potenciar el papel de la OMS como la institución líder más relevante en la salud mundial, pero también ha pedido lo antes posible una evaluación independiente de la gestión de la pandemia. Esta evaluación es muy necesaria, pero parece difícil de realizar por esta polarización de posturas, donde ambos bandos parece que ya tienen la respuesta. Para hacer la evaluación, sería necesario ponerse de acuerdo en varias cuestiones antes de comenzar. La primera es decidir si queremos hacer una evaluación política o una evaluación de políticas. En la primera, el objetivo es buscar culpables, en la segunda, buscamos mejoras. Quien haría esa evaluación y cuándo se quiere esa evaluación, son otras preguntas que no son fáciles de resolver. Y, sobre todo, faltaría definir qué preguntas debería contestar la evaluación.

Porque supongo que todos los países que piden esa evaluación de la OMS, también pretenden hacer una evaluación similar de su gestión interna, incluyendo el por qué las cuotas obligatorias de todos los países a la OMS llevan congeladas tantos años, debilitando su independencia. También sorprende ver en esta Asamblea como todos los países en sus declaraciones aplaudían al personal sanitario, cuando en todo el planeta están trabajando en condiciones precarias, sin medios (y no solo para el COVID19), debido muchas veces a medidas de ajuste estructural de índole económica. Hay una escasez de personal en todo el mundo que en 2030 puede alcanzar los 18 millones de profesionales sanitarios, y hubiera sido más interesante pasar del aplauso al compromiso.

Sorprende también el poco peso que se le ha dado a dos asuntos que considero relevantes. La gestión de la información, de cómo cada país cuenta de forma distinta los enfermos o los muertos, y la infodemia que ha derivado en multitud de fake news, a veces con intereses políticos, no se ha mencionado en la Asamblea: y la Atención Primaria de Salud como elemento central de respuesta a la pandemia también ha sufrido el ninguneo en las declaraciones. Tampoco se ha mencionado la importancia de incluir la participación de la población en las tomas de decisiones. Las poblaciones más vulnerables han sido y están siendo las más afectadas por las medidas de contención de la pandemia, y no se han articulado mecanismos para que estas poblaciones puedan activamente presentar propuestas de mejora de esas medidas, lo que iría en beneficio de toda la población.

Por último, y a nivel global, la declaración aprobada pretende que los medios diagnósticos, preventivos o terapéuticos sean considerados un bien global, y que sean accesibles para todas las personas, y que toda acción de respuesta al COVID 19 refuerce los sistemas de salud y protección social, sin olvidar el resto de las enfermedades, algo que está en el ADN de Medicus Mundi y que venimos solicitando desde hace muchos años. Pero la política se choca con la realidad. Los esfuerzos por conseguir y producir una vacuna para el COVID19 pueden hacer que se abandonen el resto de las inmunizaciones, ya que solo 4 empresas producen el 90% de las vacunas mundiales, y los países empobrecidos tienen poca capacidad de fabricación y producción, algo que desde Medicus Mundi ya advertimos desde la anterior pandemia del H1N1. Y no podemos olvidar al resto de problemas que no han dejado de ser problemas de salud, sencillamente es que no se habla de ellos.

Lo que ha demostrado esta pandemia es que, si bien la salud no está por encima de todo, sí afecta a todo. Una seguridad sanitaria global, como se reclama ahora, no va a solventar todos los problemas de salud, y menos si nos fijamos en enfermedades individuales solamente. Trabajar los determinantes sociales y comerciales de la salud, incluyendo los problemas medio ambientales y socio económicos más allá de la atención sanitaria, es clave para la mejora de la salud mundial. La salud local, con una participación activa de la población, y la salud global deben ir de la mano, como vasos comunicantes, para que las grandes políticas se basen en las experiencias locales y realmente tengan en su punto de mira “no dejar a nadie atrás”, y para que las políticas locales tengan una visión más amplia de las consecuencias de su desarrollo. Para ello, necesitamos de instituciones multilaterales como la OMS más fuertes, que lideren de forma efectiva y transparente la salud mundial, y donde la sociedad civil debe tener un papel relevante para asegurar que esas políticas se hacen con las personas, y no para las personas.

 

Carlos Mediano.

Presidente de medicusmundi internacional