Saltar a contenido

La próxima pandemia es inevitable. El acuerdo para gestionarla, todavía no: Asamblea 79ª OMS

Mientras ministros y técnicos se reunían en el Palacio de las Naciones en Ginebra, el ébola seguía matando en la República Democrática del Congo. Y mientras un brote de hantavirus amenazaba a cientos de pasajeros en un crucero atracado en Tenerife, daba inicio la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud. No ha existido un escenario más incómodo para celebrar una asamblea de la Organización Mundial de la Salud.

El propio director general de la OMS,Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió en su discurso de apertura que vivimos una época "peligrosa", y que esos brotes no eran hechos aislados, sino las últimas señales de un mundo que sigue mal preparado. Lo que pasó allí esa semana, importa. Importa para la gente que vivió el COVID de cerca, para los que perdieron a sus seres queridos y que tienen la sensación de que podría volver a pasar. Y no saben si estaremos mejor preparados.

El Acuerdo sobre Pandemias que debía estar listo y no lo está

En mayo de 2025, la Asamblea pactó el  Acuerdo de la OMS sobre Pandemias para fortalecer la preparación de los países ante futuras crisis. Un año después, en esta asamblea tocaba presentar el mecanismo concreto que lo hace funcionar: el PABS, que significa " Pathogen Access and Benefit-Sharing /Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios". Para que lo entendamos todos: quién pone las muestras del virus, quién hace la vacuna con ellas y quién la recibe primero. Es la pieza clave del Acuerdo de Pandemias.

Lo que sucedió durante Pandemia fue lo siguiente: un país en desarrollo detecta un patógeno nuevo, comparte los datos genéticos, y luego observa cómo las farmacéuticas del Norte fabrican millones de dosis que ese país no podrá comprar durante meses. Eso pasó. Y el PABS se crea para que no vuelva a pasar.

Los países llegaron a acordar que los fabricantes vinculados al sistema reserven un 20% de su producción en tiempo real de vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas para emergencias pandémicas. Parece justo. El problema es lo que rodea a ese porcentaje. Por desgracia, los Estados Miembros han acordado postponer para más adelante -julio 2026- e incluso para el año que viene el debate sobre ese porcentaje y el resultado de las negociaciones sobre el anexo PABS.  Se someterá a consideración en la asamblea extraordinaria de  julio 2026, o más probablemente en la 80.ª Asamblea. Dicho de otra manera: no se cerró. Las discusiones siguen. El director general reconoció avances "significativos" pero también admitió que persisten "diferencias" y que los Estados miembros "deben seguir abordando las cuestiones pendientes con urgencia, ya que la próxima pandemia es inevitable". ¡Y el mecanismo para gestionarla de forma equitativa sigue en negociación!.

Lo que bloquea el acuerdo no es técnico. Es político y económico. Los países industrializados quieren que la transferencia de tecnología sea voluntaria, "bajo términos mutuamente acordados". Los países con menos industria farmacéutica piden compromisos reales, no buenas intenciones. Ese es el nudo. Y no se desató en Ginebra.

El ébola, el hantavirus, y por qué importa

La asamblea arrancó con la preocupación por los brotes mortales de hantavirus en un crucero y ébola en la República Democrática del Congo, y con la incertidumbre añadida de la anunciada retirada de Estados Unidos y Argentina de la OMS.

El hantavirus en el crucero MV Hondius no es el brote que nos va a cambiar la vida. La OMS trabajó con los gobiernos de Cabo Verde, de nuestro país, los Países Bajos y otros países para coordinar la evacuación médica y la repatriación, y elaboró y distribuyó directrices técnicas para el desembarco. Funcionó razonablemente bien porque era un entorno controlado, con pasajeros identificados y gobiernos colaborando.

El ébola es diferente. La OMS declaró el brote en la República Democrática del Congo y en Uganda como emergencia de salud pública de carácter internacional. No es la primera vez. Llevamos décadas viendo que el ébola aparece, mata a comunidades ya devastadas por conflictos, y desaparece del foco mediático hasta el próximo brote. El ciclo se repite porque las condiciones que lo alimentan —sistemas de salud rotos, zonas de guerra, pobreza extrema— no se resuelven entre asamblea y asamblea.

Pedro Sánchez fue invitado especial a la apertura, en parte por el papel de Tenerife en el caso del hantavirus. Dijo algo que debemos tener presente todos: "No hay seguridad nacional posible en un mundo sanitariamente inseguro. Quien no haya entendido esto aún, después de un episodio como el que vivimos en 2020, o es un ignorante o es un necio”. Tiene razón.

Lo que conecta el ébola, el hantavirus y el COVID no es el tipo de virus. Son las fronteras cada vez más inexistentes.

La cobertura sanitaria universal que nadie quiere pagar

Cada asamblea de la OMS se menciona la cobertura sanitaria universal. Se habla de ella como de un ideal compartido. Que el médico de barrio exista y funcione para tod@s. Que cualquier persona pueda ser atendida sin arruinarse. Que una fiebre no signifique elegir entre pagar la consulta o pagar la cena.

En esta asamblea se intentó vincular esa cobertura con enfermedades y servicios concretos: salud mental, obesidad, urgencias, protección del personal sanitario, enfermedades raras, rehabilitación, salud digital e inteligencia artificial. Bien. Pero la pregunta de siempre es (otra vez) quién pone el dinero. Y la respuesta de siempre es: menos dinero del que hace falta.

La asamblea se celebró en un contexto de creciente atención a la preparación para pandemias, la financiación sostenible de la salud mundial y los esfuerzos para reformar la arquitectura de la salud global. Lo que no se dice en esa frase es que reformar sin financiación es imposible.

Se habló del personal sanitario exhausto, mal pagado, que trabaja en zonas de conflicto sin protección, que emigra de sistemas públicos frágiles a hospitales privados o a otros países... todo esto también apareció en los debates. Y es una crisis silenciosa que poca gente conecta con una futura preparación pandémica, aunque debería. Un sistema que no cuida a quien cuida no está listo.Y mucho menos para afrontar otra pandemia.

¿Qué ha quedado de todo esto?

La clausura llegó con un llamamiento de Tedros a mantener la cooperación sanitaria global y la constatación de que quedó "un punto pendiente en la agenda", en referencia a las negociaciones para poner en práctica el Acuerdo sobre Pandemias. Un "punto pendiente" que es, en realidad, el corazón de todo el acuerdo. Pero el hecho de que se esté peleando un marco legal obligatorio para compartir beneficios ya es un cambio de paradigma. También se avanzó en resoluciones sobre enfermedades tropicales desatendidas, resistencia a los antimicrobianos, malaria, tuberculosis. Pequeños pasos que sí cambian cosas en el terreno.

Las conversaciones sobre el PABS continuarán en julio de 2026, durante la séptima reunión del Grupo de Trabajo Intergubernamental. Hay calendario, hay voluntad, hay textos avanzados en un acuerdo firmado el año pasado. Lo que no tiene es el mecanismo concreto para que ese acuerdo funcione de forma justa. Y mientras ese mecanismo se negocia, los virus no esperan.

Este es el estado actual de las cosas. Y conocerlo es el primer paso para exigir que cambie por el bien de todos.