Día mundial de la Salud Ambiental. Si el ambiente enferma, nosotros también
Viernes,25 septiembre 2026Las olas de calor agravan enfermedades crónicas, los cambios de temperatura alteran la distribución de vectores y las sequías, inundaciones y migraciones presionan a los sistemas sanitarios. El 26 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Salud Ambiental. La fecha permite poner el foco en una relación directa: si el ambiente enferma, nosotros también.
El 26 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Salud Ambiental. La fecha permite poner el foco en una relación directa: si el ambiente enferma, nosotros también. Surgen nuevos términos como la ecoansiedad, nos planteamos cuestiones como la huella climática del propio sistema sanitario y hablamos de los movimientos migratorios que, al huir de las consecuencias de este cambio, se enfrentan con nuevas enfermedades y con una preocupación y desarraigo que afectan su salud mental.
Las cifras lo avalan: aproximadamente el 23 por ciento de las muertes totales en el mundo están relacionadas con el medioambiente, y su contaminación se vincula con unas cien enfermedades diferentes.
Cambio climático y salud: una relación que tardó en entrar en la agenda
El sector de la salud tardó en incorporarse de manera real a las discusiones internacionales sobre cambio climático. No fue hasta la COP26, celebrada en 2021, cuando se promovió por primera vez un programa específico de salud en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Ese programa estableció dos líneas de trabajo: disponer de sistemas sanitarios resilientes ante los efectos del cambio climático y conseguir que esos mismos sistemas se adapten para no contribuir a aumentarlo mediante sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Y es que el propio sistema sanitario también genera emisiones. La huella climática del conjunto de los sistemas sanitarios equivale a unos 2.000 millones de toneladas de CO2 al año. Si el sector sanitario fuera un país, sería el quinto que más gases emitiría a la atmósfera.
Avanzar en estas dos direcciones no resulta sencillo. A pesar de las evidencias, siguen existiendo posiciones que niegan el cambio climático y otras que minimizan la responsabilidad humana en su aceleración. A ello se suma la dificultad propia de cualquier medida preventiva: sus resultados no suelen ser visibles de inmediato.
¿Cómo influye directamente el cambio climático en nuestra salud?.
Las olas de calor empeoran el estado de las personas con problemas cardíacos, respiratorios o renales y afectan a los embarazos y los partos. Los cambios de temperatura, unidos a la globalización, modifican la dispersión geográfica de vectores de enfermedades como la malaria o el dengue, y favorecen la proliferación de patógenos en mares y océanos.
También hay efectos indirectos. La afectación de la agricultura puede provocar desnutrición y los problemas de acceso al agua potable tienen consecuencias sanitarias. A ello se suman los problemas de salud mental relacionados con la inseguridad que provocan los fenómenos extremos y con la ecoansiedad, el temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental irreversible.
El cambio climático contribuye también a generar emergencias humanitarias y migraciones que afectan a los sistemas sanitarios locales. Pero no hace falta mirar lejos para encontrar señales. Aunque siempre ha habido olas de calor, incendios, inundaciones o tormentas tropicales, en los últimos años estos fenómenos están aumentando en magnitud, frecuencia o intensidad.
Sus consecuencias tampoco se reparten de la misma manera. Aunque afectan a todo el mundo, las personas más vulnerables sufren un mayor impacto. Por eso, las soluciones deben incorporar un principio de equidad, tanto en el acceso a las respuestas como en la reducción de emisiones.
Saint-Louis, cuando el mar obliga a marcharse
Desde hace más de diez años, medicusmundi trabaja en el norte de Senegal, en la región de Saint-Louis, para fortalecer el primer nivel de atención del sistema público local de salud y garantizar la mayor equidad posible en el acceso.
Las consecuencias del cambio climático están cada vez más presentes en Senegal. Los episodios de sequía e inundaciones, el aumento de 1,52 grados en la temperatura media entre 1950 y 2021 y la erosión costera provocada por la subida del nivel del mar han causado pérdidas sociales, económicas y medioambientales. En el litoral se concentra el 68 por ciento del producto interior bruto del país.
medicusmundi analizó la situación de la Langue de Barbarie, una zona en contacto con el océano Atlántico donde vive más del 30 por ciento de la población de la ciudad de Saint-Louis, mayoritariamente dedicada a la pesca.
La subida del nivel del mar, agravada en 2018 y 2019 por un oleaje extremo que erosionó la costa, obligó a más de 1.500 personas a abandonar sus hogares y a ser reubicadas en zonas del interior. La migración ha continuado en los años siguientes.
Cuando un barrio pierde población y otro la recibe, la planificación sanitaria se complica. Los establecimientos de las zonas de acogida se sobresaturan, mientras quienes permanecen junto a la costa lo hacen en condiciones de mayor vulnerabilidad. Los pescadores, al disponer de menos espacio y no querer abandonar su entorno, viven más hacinados. En la Langue de Barbarie se registran más casos de tuberculosis que en el resto de la ciudad.
Antes de intervenir, medicusmundi realizó junto con la universidad de Saint-Louis un estudio sobre el impacto del cambio climático en la salud de la zona. Las olas de calor son cada vez más intensas y largas, algo que debe tenerse en cuenta para la población más joven y la de mayor edad, y pueden cambiar el hábitat de vectores de enfermedades como la malaria. La encuesta mostró además que la población, incluso la desplazada, no atribuía al cambio climático ninguno de los problemas derivados de él.
Soluciones locales para un problema global
A partir de ese diagnóstico, medicusmundi incorporó formación sobre los efectos del cambio climático y el medioambiente en la salud para el personal de los puestos sanitarios. Este conocimiento se traslada después a la población para facilitar una mejor gestión y la adopción de medidas preventivas.
Once puestos de salud disponen ya de paneles solares en una zona donde los cortes de electricidad son frecuentes. La energía solar reduce la huella de carbono, pero también garantiza autonomía para mantener la cadena de frío de vacunas y medicamentos y permite atender a la población durante las veinticuatro horas.
Se ha construido una nueva casa de salud rural en Thilène con criterios de ecoconstrucción. Su orientación, el uso de ladrillos de tierra comprimida, más gruesos y capaces de aislar del calor, y la utilización de typha, una planta invasora empleada como aislante en la cubierta, permiten adaptar el edificio a las condiciones climáticas de la zona. Está previsto aplicar el mismo enfoque a la maternidad de Diawar en 2027.
La sostenibilidad de una instalación requiere asegurar su mantenimiento.
Por eso, el proyecto ha formado a seis mujeres jóvenes de la zona en la instalación y el mantenimiento de paneles solares. Esto permite cuidar adecuadamente las instalaciones y visibilizar que las profesiones técnicas también pueden ser desempeñadas por mujeres.
Queda mucho por hacer, es un proceso largo, y estamos poniendo las primeras piedras, pero con el esfuerzo conjunto de todas las personas implicadas podremos afrontar las consecuencias de lo que el director de la OMS ha definido como “la mayor amenaza a la salud en el siglo XXI”.
Por Silvia Ansorena (comunicación de medicusmundi Nam) y Carlos Mediano (responsable de Estudios e Investigación de medicusmundi, miembro del Grupo de Justicia Climática y Salud de medicusmundi Internacional y técnico de proyectos de Senegal)